Contar la historia de África: Reflexiones de los ganadores de las becas Go2Africa y World Nomads

Last updated on 23 octubre 2025

África siempre ha sido un lienzo para los narradores, un lugar donde los paisajes, la gente y la vida salvaje se unen de formas que desafían la descripción y exigen ser sentidas. En colaboración con World Nomads, Go2Africa puso en marcha la beca Travel Photo and Film Scholarship, que abre la puerta a creadores emergentes para captar la esencia del continente en toda su belleza salvaje.

En el centro de esta iniciativa había un premio extraordinario: un safari único en la vida por el sur de África, guiado no sólo por la propia naturaleza, sino también por los galardonados creativos de viajes Dan y Zora Avila, más conocidos como Los tiradores de viaje. Participantes de todo el mundo compartieron su visión a través de imágenes, películas y palabras, cada una de ellas reflejo de la pasión, el oficio y el poder transformador de los viajes.

De entre cientos de solicitudes, se eligió a tres talentosos narradores: Galia Kleinburg, Darcy Keely y Gabriel Mungarrieta. Lo que les esperaba era algo más que sus la mayor aventuraFue una oportunidad de crecer como artistas, de encontrar su voz en la naturaleza y de contar la historia de África a través de su propio prisma. Cada perspectiva es única, y la forma en que vemos el mundo es la nuestra. Tiene sentido, pues, compartir sus experiencias de la misma manera: a través de sus ojos.

Gabriel Mungarrieta: La mezcla entre lo salvaje y la vida

Lejos de sus raíces australianas, Gabriel despertó a un nuevo tipo de naturaleza salvaje, llena de la inconfundible energía de los lugares más salvajes de África. Inspirado primero por las historias que su padre le contaba alrededor de una hoguera, Gabriel descubrió su propia voz a través de la narración visual. Su viaje por África reveló un paralelismo convincente: la conexión entre los seres humanos y la vida salvaje, no escrita en el ADN, sino reflejada en comportamientos compartidos y gestos familiares.

Notas de campo de Gabriel

Aunque las expectativas eran altas, la ejecución fue suprema y el viaje superó todas las expectativas. Desde el principio, Gabriel estuvo muy atento a las evoluciones de su rastreador, Noel, no solo en busca de vida salvaje, sino también de momentos inesperados.

Quienes hayan ido de safari sabrán que nadie rivaliza con la vista de águila de los rastreadores entrenados. Gabriel describe su primer día como un "caos indomable", desde un leopardo protegiendo su presa y dos rinocerontes macho enzarzados en un enfrentamiento, hasta leones disfrutando de su última cacería y una estela de buitres sobrevolando la zona.

En medio del caos surgió una chispa de curiosidad, de asombro infantil. Una cría de elefante, de menos de seis meses, retozaba con una alegría sin adulterar en una charca antes de revolcarse en el polvo, bañando a su manada con ambos. Para Gabriel, era un fascinante paralelismo con nuestros propios recién nacidos: llenos de emoción y asombro mientras descubren el mundo, sin ser conscientes aún de sus pruebas y tribulaciones. Un recordatorio para hacer una pausa y ver la vida a través de la lente rosada de los nuevos comienzos.

Desde peleas entre miembros de la manada y muestras de dominio, también hubo momentos tranquilos. Quietud. Las susurrantes hebras de la alta hierba de la sabana mientras el sol se ponía suavemente en el horizonte, bañando el mundo con una cálida luz. Rompiendo el silencio llegaba el juguetón revoloteo de los cachorros de león, un tierno recordatorio de la naturaleza salvaje que les rodeaba.

Vine a África en busca de historias, y las encontré en los momentos que difuminan las líneas entre lo salvaje y lo humano. Encontré madres que aman, niños que juegan, rivales que luchan y personas que se maravillan. Descubrí que el asombro no es una invención humana, sino un lenguaje universal.

Una mirada tras el objetivo de Gabriel

Darcy Keely: Un viaje creativo

Maestro de la reinvención, Darcy, nacido en Australia, ha vivido muchos capítulos de su vida. Su sueño infantil de hacer cine se reavivó en Japón, donde descubrió la belleza en la imperfección y el significado en los detalles pasados por alto. Esa perspectiva viajó con él a África, animándole a abrazar los momentos tal y como se desarrollaban, dos veces vistos pero siempre nuevos.

Notas de campo de Darcy

No hay forma de estar preparado. No importa cuántos artículos se lean o cuántas maletas se preparen, nada es comparable al momento en sí. Acomodado en un vehículo de caza, que avanzaba a trompicones con la banda sonora de un motor diésel, Darcy experimentó su primer safari al amanecer. La respiración se agolpaba en el aire frío, el mundo se detenía con él. Tranquilidad. Paz. La comprensión: "Estoy aquí. Ahora mismo. Sólo una vez".

Más tarde, deslizándonos por el Zambeze en una barca baja, con el agua al alcance de la mano, llegó otro momento inolvidable. De entre la hierba, tres elefantes levantaron la cabeza. Nadie levantó una cámara. Todo el mundo se quedó suspendido en el asombro.

La vida en el vehículo pronto reflejó la vida fuera de él: tutoría, camaradería, lecciones compartidas. Cada viajero aportaba sus puntos fuertes, que se complementaban en una manada creada por ellos mismos. Los encuentros con los lugareños profundizaron la experiencia, revelando matices: la forma en que los últimos rayos de sol se reflejaban en los árboles, el sonido del agua contra las orillas, el crujido de una rama en la distancia. Incluso las competiciones, como la de quién podía escupir estiércol de Springbok más lejos, se convirtieron en parte de la historia.

Esa es la extraña lección de todo esto. Crees que vas a África a ver animales. Pero los animales te enseñan a ver todo lo demás.

Una mirada tras el objetivo de Darcy

 

Galia Kleinburg: Siguiendo las huellas de gigantes

Despertando en el corazón salvaje de África, lejos de su hogar en México, Galia comenzó su viaje en Botsuana. Llena de asombro, emocionada y abrumada a partes iguales, su primer día fue un torbellino. Pero al anochecer, una manada de elefantes emergió en el río, rehidratándose tras el calor. Lo que no sabía entonces era cómo estos gigantes definirían su viaje y su corazón.

Notas de campo de Galia

Desde su primera introducción, los elefantes se convirtieron en los maestros de Galia. Cada manada aportaba su propia energía. Había temor, precaución y paz. "Créeme, oír la trompeta de un elefante justo a tu lado puede ser aterrador". Pero a pesar de su tamaño, encontró calma en su forma de moverse: deliberada, lenta, decidida.

Lo que empezó como curiosidad se convirtió en lecciones de contraste y conexión. Ojos suaves y comprensivos. Matriarcas marcadas por la edad y el desafío. Terneros juguetones llenos de alegría. Gigantes que cuidaban, enseñaban, jugaban, se afligían y, a veces, provocaban el caos. Para Galia, era precisamente esta imperfección lo que les hacía sentirse tan humanos.

Aunque son animales enormes, el sonido que hacían al moverse entre el susurro de las hojas me parecía increíblemente relajante. Y la forma en que bebían agua con delicadeza era el sonido más relajante de todos.

Una mirada tras el objetivo de Galia

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Emma Thomson
Escrito por